miércoles, 27 de mayo de 2015

LA COMPRENSION ES MODO DE SER DE LA EXISTENCIA, NO FACULTAD INTELECTUAL



SESIÓN DE SEMINARIO N. 2
La comprensión es modo de ser de la existencia misma como tal, no una de las tantas facultades intelectuales del sujeto.
Por ALEXIS ROJAS DONADO
29 DE ABRIL DE 2015


PERSPECTIVA
Relatoría Argumentativa, Según la manera V, enfocada específicamente a disertar sobre el leguaje como eje central de la hermenéutica contemporánea y su variabilidad intersubjetiva como posibilidad para alcanzar una comprensión distanciada de la pretensión de verdad absoluta..

FUENTES DE INFORMACIÓN

Gadamer, H.-G. (2003). Verdad y Método (Decima ed., Vol. I). (A. A. Aparicio, & R. d. Agapito, Trads.) Salamanca, España: Ediciones Sígueme.

Verdad y Método se constituye como las más grandes obras posmodernas sobre la hermeneutica; Gadamer realiza un gran giro ontologico de la hermeneutica, distanciandola de los prejuicios con pretencion de verdad absoluta del tradicionalismo hermeneutico y orientandola de la existencia hacia el lenguaje. Es decir que la existencia del ser de Heidegger se de manera más eficaz dentro del lenguaje.

Grondin, J. (2008). Hans-Georg Gadamer: una hermenéutica del acontecer de la comprensión. En J. Grondin, Qué es la Hermeneutica (Segunda ed., págs. 69-86). Barcelona, España: Herder

Grondin hace una excelente lectura sobre el texto de Gadamer, destacando tres puntos muy importantes, el primero El Lenguaje como medio de la manifestación del ser, la historicidad como espacio constitutivo determinante de la interpretación y la Variabilidad como resultado de la multiformidad de la interpretación.

PREGUNTA QUE MOTIVA LA INVESTIGACIÓN
¿Cómo se hace posible la existencia del ser dentro del lenguaje? ¿En qué consiste el giro ontológico de Gadamer a la hermenéutica?

Subtemas: Experiencia hermenéutica y giro ontológico.

DESARROLLO DEL TEMA
El lenguaje como espacio donde acaece la relevancia de la hermenéutica, “ella es la luz del ser mismo”  (Grondin, 2008, pág. 88), es su punto de inicio. El ser-ahí de Heidegger encontraría por medio del lenguaje un camino de comunicación con el mundo, más claramente, por la acción del lenguaje el ser-ahí se hace patente. Así mismo la realidad se proyecta dentro del ser-ahí mediante el lenguaje. Es por eso que para Gadamer todo se hace posible comprender y existir es gracias al lenguaje, comprendido este como una realidad sobrecogedora. Empero es en el lenguaje que se da la existencia misma, por ello toda interpretación parte desde el lenguaje, la historicidad del lenguaje se traduce en la tradición, pero no se habla aquí de un tradicionalismo, sino de la tradición como la herencia histórica de las comunidades que ha creado sus propios códigos lingüísticos, no sólo para significar el mundo sino para darle comienzo a la realidad humana misma. Para Gadamer el círculo hermenéutico de Heidegger puede llegar a presentar problema prejuicios, tales como los que se crean a partir de las ciencias positivistas donde la elaboración de verdad absoluta se hace sobre la base de lo demostrable. Así mismo por medio del círculo hermenéutico se buscaba establecer una metodología propia de la filosofía en el arte de la hermenéutica, establecer unos criterios propios para llevar a cabo la interpretación. Aunque Heidegger llega a la conclusión que la existencia es el fundamento crítico de la misma, establece un criterio ontológico, al respecto Gadamer, (2003) piensa que sólo “una vez liberada de las inhibiciones ontológicas del concepto científico de la verdad, la hermenéutica puede hacer justicia a la historicidad de la comprensión (pág. 331). Hable entonces el autor de una hermenéutica que se auto comprende como distanciada de los metodismos cientifistas, es una hermenéutica que expresa la temporalidad del ser-ahí de Heidegger, pero ya no arrojado al mundo para preguntarse hacia dónde va, sino sobre el cómo es posible comprender ese mundo. Es a ello a lo que Gadamer propone una búsqueda de interpretación y comprensión no sólo de textos y la realidad, sino del lenguaje mismo desde que el otro se comunica conmigo.

Para interpretar dirá Gadamer, es necesario que el intérprete se aleje de todos los prejuicios prexistentes a partir de las concepciones de otros, y se adentre en el texto o realidad desde sus propios interrogantes y las “argumentaciones de validez”. Gadamer en primera instancia se refiere a la interpretación de textos, en esto el intérprete lo primero que debería de hacer es acercarse al mismo desde la misma realidad lingüística originaria del texto. El texto habla por sí sólo muestra sus dimensiones constitutivas, pero para que el intérprete pueda captar ello debe ubicarse lingüísticamente en la misma realidad del texto. Hay pues una comunicación lingüística entre texto-intérprete en la cual el intérprete trae a su propia temporalidad lo que el texto expresó en la suya, en primer lugar sucede entonces una comprensión, y en segundo lugar una sucede unos interpretación comunicativa al expresar lo que el texto dice en sus realidades constitutivas a la actual del que interpreta. Es en esta dinámica temporal-lingüística maravillosa cómo logramos comprender más eficazmente lo que el autor piensa. Para ello es necesario introducirnos en la realidad lingüística y temporal del autor del texto mismo (Gadamer, 2003, pág. 335). Sin embargo, no hay una realidad e interpretación absoluta, pues cada lector lo hará desde sus propias disposiciones mentales y su comprensión en particular, conlleva pues una variedad de interpretaciones, que no por ello dejan de ser objetivas, puesto que la objetividad no puede llegar recaer en una verdad absoluta aceptada por todos, puesto que perdería rigor científico si no tiene un margen de discusión y confrontación argumentativa.
Lo anteriormente dicho es precisamente la diferencia que existe entre el conocimiento cuantitativo y el cualitativo, dado que lo cuantitativo o numérico se presenta como tal y es interpretado como tal cantidad, el número “ocho” es interpretado por todos, sin importar el idioma como “ocho”. Sin embargo en el conocimiento cualitativo una realidad de un grupo social marginado se puede presentar de una forma particular, pero es de acuerdo a la experiencia de cada observador-participante que se da una interpretación o descripción comunicativa de la misma; sus motivos, causas, efectos y sentimientos de quienes componen dicha realidad, que nos puede llegar a afectar, llegando a transformar nuestra percepción de la vida, su significado y su sentido. Dicho movimiento dinámico entre realidad-interprete-realidad-transformada la define Grondin, (2008) como la relación “entre el «plus de ser», que se me presenta, como una revelación, incluso como una imposición, y la respuesta que yo doy: nadie puede permanecer indiferente ante una obra de arte [realidad] que nos somete a su verdad.”(p. 76). Es decir que la interpretación ocurre cuando el ser se relaciona y se involucra de forma directa con la realidad que se le presenta, pero dicho involucramiento ocurre porque la misma realidad presentada los vincula creando una unión ser-realidad. La interpretación surge como respuesta necesaria ante la experiencia vital manifestada en lo que podríamos llamar experiencia concreta existencial. De allí que la verdad no es fruto de la interpretación, es la interpretación un fruto de la verdad, “según él [Gadamer], la verdad de las ciencias del espíritu depende más del «acontecimiento» (que se apodera de nosotros y nos hace descubrir la realidad) que del método”. (Grondin, 2008, pág. 76). Por ello la interpretación de la realidad manifestada como verdad no puede estar restringida a una única metodología positivista, sometiéndola a los mismos procesos científicos estandarizados; es la mente la que debe acomodarse a la verdad presentada.

La tradición para Gadamer comprende el papel memorístico de la Historia, son las subjetividades que a lo largo de la misma se han ido transmitiendo por medio del lenguaje. De ella emanan los componentes esenciales de la comprensión, recordando que a partir de Heidegger, (1997) la interpretación es al mismo tiempo comprensión. La interpretación siempre está cargada de “prejuicio”, de la herencia histórica que precede ante la realidad interpretada y el tejido contextual y el tiempo donde se desarrolla. Aquí en esta dimensión histórica de la interpretación encontramos en Gadamer una vuelta, aunque no rigorista, a los planteamientos Diltheyanos sobre la importancia del papel de la historia en la interpretación, aunque bien podemos inferir que no desde una perspectiva positivista sino más bien abierta a la adecuación del interprete a la realidad que se le presenta, hacia la cual el hombre se mueve e interna, estableciendo una relación dinámica mediante el lenguaje; es decir que la interpretación puede consistir en el entrelazamiento sujeto-historia, un entrelazamiento entre tiempo-especio, presentándose así una fusión de la perspectiva del presente con la perspectiva del pasado, Grondin, (2008) lo entiende como “la fusión del intérprete con lo que él mismo comprende”(p. 84). Esto quiere decir que en la interpretación no soy yo quien aprehende la historia o la realidad sino que es la historia y la realidad que me sobrecoge mi conciencia y mi realidad propia. Allí donde no hay aprensión epistémica no hay método, y es esta ausencia de método que hace de la hermenéutica una experiencia sobrecogedora. La rigurosidad para Gadamer se da de forma más completa al momento de la interpretación por medio del lenguaje, es en este momento donde el método adquiere relevancia y es completamente válida su búsqueda, comprendiendo las particularidades de cada contexto y cada experiencia lingüística por la cual se esté realizando la mediación ya sea entre hablantes de diferentes idiomas o en la traducción de un texto de su lengua originaria a la propia. Aquí en esta tarea es la comprensión del intérprete que se debe adecuar a las características morfológicas de la lengua, distanciándose de toda subjetividad. Es decir que el intérprete o traductor debe aplicar las metodologías propias de la lengua que traduce, no las propiamente suyas.




CONCLUSIONES
La variabilidad de la interpretación se presenta como necesaria para llevar a cabo una hermenéutica válida, libre de las interpretaciones que se presentan como verdad absoluta. Hay verdades, la verdad es la viabilidad misma. La realidad nos transforma internamente, y se puede transmitir de muchas formas, y así mismo cada uno participa en una forma única, sin embargo cuando la interpretación se comunica a otros despertamos a un sinnúmero de interpretaciones y se nos desvela una realidad multiforme. Entonces al existir tantas verdades, no se podría llegar a afirmar que la verdad dependa de una sola interpretación, sino que la verdad depende del mismo foco donde esta es revelada (Grondin, 2008) y nuestra mente simplemente se deforma alrededor de esta. Como diría el mismo autor, la verdad nos transforma; es un movimiento que parte del exterior pero que al entrar en nosotros nos conmueve y desde allí dentro nos transforma existencialmente, cambia nuestra perspectiva del mundo y el lenguaje mismo con que lo representamos. Por ello es quizás que el autor habla de verdad como “experiencia vital” no tanto como conocimiento teórico o empírico, en el caso de Gadamer es principalmente radica su crítica, puesto que las ciencias del Espíritu, por ejemplo la filosofía o la psicología, no pueden hablar de un conocimiento positivo sino de una experiencia existencial, que se de forma concreta en la experiencia del lenguaje, puesto que en él manifestamos nuestra existencia.

La hermenéutica es experiencia; no se puede hablar pues ella como un simple proceso intelectual puro, libre de las disposiciones afectivas del intérprete. Es decir pues que aunque todo este proceso se da en la conciencia de la persona, es en la vida manifestada por medio del lenguaje en donde se da realmente el proceso experiencial. La interpretación es un diálogo que el lector establece con la realidad, esta lo sobrecoge. En cuanto al texto el lector debe comprender al autor en el tiempo y lengua de aquel, es un adentrarse en el texto. Es un proceso experiencial que sobrepasa todo proceso epistemológico. Y así el hombre en su existencia manifestada y comunicada siempre a través del lenguaje camina por la vida comprendiendo y tratando de interpretar todo. Por ello se habla que la existencia humana es una existencia interpretativa, porque en todo momento es el lenguaje el universo en el cual la realidad adquiere un sentido. Esto pues porque el lenguaje no es herramienta, es donde la existencia del ser-ahí se patentiza.

INQUIETUDES
Para Gadamer la comprensión está caracterizada por la historicidad, pero esta es identificada con la tradición, y por ello hay momentos en que se puede entender como tradicionalismo; entonces no comprendo por qué uso este término que en la filosofía suele ser tan univoco para caracterizar todo lo que se ha dicho pero perdura como verdad absoluta, y no el de Geschichte que se traduce como Historia. Siendo pues que la historia podría llegar a estar más distante de lo que otros piensan puesto que son sucesos que se encuentran allí y no hay forma de modificarlos, lo que puede variar es interpretación o comprensión de los mismos.
Las interpretaciones no deben funcionar ya como preceptos, de forma que Gadamer vuelve la mirada de lo ontológico propuesto por Heidegger, hacia lo universalmente cotidiano, eso mismo que se hace patente en el lenguaje. Pero al hablar de la patencia y existencia del Ser dentro del lenguaje nos estaríamos remitiendo nuevamente a la ontología. Ya que ello presupone la pregunta de cómo se hacen posibles las cosas y hasta el ser mismo. Podríamos decir pues que ¿Existe una verdad desligada del lenguaje, siendo este último la representación de la historicidad contextual de la tradición? (Grondin, 2008, pág. 78).

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