ESTADO DEL ARTE
SOBRE LA PROBLEMÁTICA DE LA FORMACIÓN CIUDADANA –
UNA PERSPECTIVA DE AFUERA HACIA ADENTRO
INTRODUCCIÓN
La
participación ciudadana de todo individuo debe partir de las consideraciones
que este tiene en su colectividad, el ser ciudadano significa aquel individuo
que por el mero hecho de nacer en un determinado país, tiene todo los derechos
y las obligaciones que se encuentran establecidas en las leyes que expone la
constitución. Son muchas las normativas que se guardan en dichos estatutos
sobre el ser ciudadano y las diversas acciones equitativas, que se llevan a
cabo en las intervenciones y elecciones de los funcionarios públicos. El ser
ciudadano demanda en gran medida un estado de conciencia sobre la manera de
seleccionar los representantes en los altos cargos, hecho que hoy en día se ve
fuertemente influenciado por actividades ilegales que quieren manipular la
participación democrática de las personas; a fines de obtener beneficios
particulares de unos pocos, olvidándose de aquellas cuestiones que padece la
colectividad.
Sin
embargo aunque el ciudadano de un país, su participación adecuada es fruto de
su formación. Aunque nazca ciudadano su ser de ciudadano es una construcción
que se debe lograr por medio de la educación. Por eso en este documento
analizamos en una metodología desde afuera hacia adentro cómo la formación
ciudadana ha ido evolucionando desde una política de Estado para educar a sus
ciudadanos, hasta unas propuestas pedagógicas que responden a las necesidades
de las personas de poder saber cuáles son sus derechos, cómo hacerlos valer, y
cómo por medio de su participación en los espacios públicos puede aportar a la
construcción de un ideario propio de ciudadanía. Es decir que el ciudadano se
empodera de su proceso ciudadano y desde allí establece sus propios criterios
para la participación cívica y política. Igualmente la necesidad de formación
ciudadana extendida también tiene como objetivo desarrollar en el ciudadanos
competencias de participación en todos los ámbitos de su vida, hoy en día uno
de las problemáticas más tratadas es cómo hacer ciudadanía y construcción de
comunidad en la calle, el barrio, la casa y también en los entornos de
interacción digital. Por ello en adelante analizaremos cómo se encuentra la
práctica y la teoría de la formación ciudadana especialmente en Colombia, con
el fin de dar respuesta a la problemática planteada y poder soportar y dar
credibilidad a la hipótesis manejada.
PROBLEMA
DE INVESTIGACIÓN
Colombia
posee una democracia participativa en la norma y el derecho, pero en los
últimos años se evidencia que la minoría toma las decisiones por la mayoría
debido a que hay un desinterés con el sistema representativo, por lo cual los
ciudadanos depositan todo el poder en los congresistas, que parecen representar
más a grupos económicos que a los (pocos) ciudadanos que los eligen. Esto
refleja que hay una gran distancia entre la norma y la práctica cotidiana de la
ciudadanía. El marco fundamental donde podemos anclar el verdadero ejercicio de
la ciudadanía es por medio de la participación ciudadana. Se puede evidenciar
una gran cantidad de ciudadanos que no ejercen la ciudadanía o que la ven
reducida a la obtención de un documento civil. Grillo (2006) menciona que “la
participación, como derecho fundamental, ha sufrido transformaciones
relacionadas con la historia de los derechos humanos en el contexto universal
y, en concreto, en el país” (p. 7). Es por ello que la democracia entendida
como ejercicio pleno de la ciudadanía debe hacerse efectiva por medio de
mecanismos, en espacios y medios comunicativos proporcionados por el estado y
exigidos por la sociedad como vía de manifestación de la voluntad popular. Así
pues, la participación entendida como un derecho fundamental nos lleva a
entender dicho ejercicio desde la igualdad, por ello resulta equivoco pretender
alienar a los otros de su ser ciudadano; Grillo (2006) piensa que “en efecto,
los criterios sobre quiénes son ciudadanos y, por tanto, tienen la facultad de
intervenir en el manejo de la vida pública, ha variado en el tiempo.” (óp.
cit.). El devenir de la ciudadanía ha sufrido muchos cambios y por consecuente su
búsqueda de sentido para la sociedad está determinada por el nivel de impacto
que tenga la participación del ciudadano a través de los diferentes medios
propuestos por el Estado. Zuleta (2008) define la participación ciudadana como
una construcción de democracia siendo que la construcción de la misma se
realiza pues, desde el ciudadano mismo, entendido como ciudadano en constante
construcción; por ello piensa que la construcción de la democracia es un
derecho de todos. Por esta razón el ciudadano que es apático a la participación
en las decisiones políticas que comprometen el futuro de una nación, así como
aquel que vende su voto o lo cambia por favores políticos se convierten en
ciudadanos alienados de su derecho a decidir su futuro, poniéndolo en manos de
un representante que no siempre será fiel a ese elector.
HIPÓTESIS
La
falta de simplicidad y efectividad en los mecanismos de participación en la
esfera de lo público y la burocracia partidista, son obstáculos desestimulantes
para que los ciudadanos participen de la construcción democrática, por ello
depositan de forma acrítica toda su voluntad en el estado; los trámites
complejos en procesos jurídicos y civiles, sin la debida formación, a que se
deben someter los ciudadanos producen apatía participativa, dejando esta tarea
a otros, perdiendo la autonomía característica del proceso democrático. Los
ciudadanos los ciudadanos no tienen acceso a un proceso formativo adecuado para
ejercer la ciudadanía tanto en aspectos políticos como civiles, por consecuente
desde las mismas estructuras educativas hay una incoherencia en la concepción
de la democracia formal frente a la democracia real. De igual forma, dentro de
la participación democrática se contempla las
conjeturas de falsas promesas ante las necesidades de los ciudadanos,
produciendo como efecto la abstinencia ante las cuestiones de intervención
ciudadana.
ESTADO DEL ARTE SOBRE LA FORMACIÓN CIUDADANA
1. LA FORMACIÓN CIUDADANA
EN EL MARCO EUROPEO HISPANO-HABLANTE.
España
representa para latino américa el país hispanohablante puerta de entrada a
Europa, allí se vivieron procesos críticos en su historia marcados por el
Fascismo que imperaba en Alemania e Italia, la exclusión racial, y el
absolutismo estatal durante la dictadura de Francisco Franco (1939 – 1945). A
raíz de las experiencias históricas marcadas por el absolutismo del Estado y la
sombre de la segregación racial surge la búsqueda de horizontes de formación
ciudadana cimentadas en tres ejes fundamentales, la formación de una ciudadanía
activa, intercultural y crítica. (Folgueiras Bertomeu, 2008). De estos enfoques
se hace una propuesta la formación ciudadana desde dos enfoques que se
consideran prioritarios en el estudio: promover la ciudadanía como un proceso, lo
cual constituye un quehacer diario del sujeto como ciudadano, distanciándose
del ciudadano sustantivado y pasivo para convertirse en ciudadano ejercicio de
sus derechos reconocidos como estatus social
de igualdad. Urureña (14 de marzo de 2014) en su ponencia “Resistir a la LOMCE”
compara el modelo de educación bancario neoliberal con el modelo social, en
ello advierte que la educación bancaria busca un entrenamiento del ciudadano
para cumplir un papel meramente como fuerza de trabajo, mientras que un modelo
de educación debe estar orientado a la formación crítica del ciudadano como
proponente de las transformaciones sociales.
Varios
de los ejes específicos en torno a los cuales gira la preocupación por la
formación ciudadana es la participación activa de las mujeres en los procesos del
ejercicio de la ciudanía. Al respecto (Crespo, Teruel, & Infante, 2007) definen que la
participación ciudadana debe tener en cuenta la igualdad de género, así también
esta participación no debe limitarse únicamente al ejercicio de los derechos individuales,
sino también colectivos y de género; el ejercicio de estos derechos debe
reflejarse correlacionalmente en porcentaje de ocupación femenina de cargos
públicos. Por ello la educación ciudadana no sólo comporta la participación,
sino que debe estar construida sobre las bases de la inclusión y el respeto a
la diversidad. Otra de las dinámicas que se mueven hoy en día en España es la
extensión de la participación hacia las esferas de lo público presente en los
espacios sociales digitales, (Byron. et al, 2010) reconocen que además
de los espacios físicos de interacción ciudanía se pueden encontrar espacios
digitales conformados por redes sociales de distintas denominaciones. Es
necesario para los ponentes que la educación en formación ciudadana deben estar
enfocados a desarrollar en la personas competencias que le permiten expresar
libremente su punto de vista desde los distintos medios disponibles, con ello
no se concibe la educación ciudadana sólo como un medio por el cual se pueda
hacer activa, sino que las nuevas tecnologías de la información propician la
formación ciudadana orientadas a la reflexión y la proposición de nuevos
idearios de construcción democrática por parte de los ciudadanos.
2. LA FORMACIÓN CIUDADANA EN AMÉRICA LATINA
América latina es un
continente que se ha desarrollado con una historia de luchas sociales que poco
a poco han marcado su ideal de libertad y la búsqueda del establecimiento de
Estados de Derecho que propicien en sus ciudadanos la participación más
efectiva en las decisiones que se toman, sin embargo estas luchas están
caracterizadas por nacer del mismo conglomerados de ciudadanos inconformes con
gobiernos déspotas cuyas decisiones políticas están muy distantes de las
expectativas de la ciudadanía. Una de las luchas que enfrentan los promotores
de la formación ciudadana específicamente latinoamericana son las exigencias de
políticas internacionales sobre los estándares de educación que se deben
implementar reducen la formación ciudadana a una escala de mera participación
en política, a esta conclusión llega Peralta Duque (2009) cuando escribe que “es
claro que la incidencia de los organismos internacionales en la formulación de
las políticas educativas de los países latinoamericanos o en vía de desarrollo”, (Pág. 171). Estas mismas luchas y búsqueda de un ideario
de ciudadanía participante, constructora de comunidad, comprometida y solidaria
han dado nacimiento a propuestas propias y originales de la formación
ciudadana. Se puede inferir entonces que América latina es un continente en
constante cambio y auto reformación. Así mismo la formación ciudadana adquiere
múltiples formas como respuesta a cada momento de la historia, por ello no se
puede hablar de un ideal absoluto del buen ciudadano. Para Freire (1997) la
formación ciudadana debe girar en torno a la alfabetización, para el brasilero
no es posible una formación ciudadana desde las experiencias empíricas
únicamente, sino que requiere que los formandos puedan conocer desde el
lenguaje la significación de todo proceso político o de interacción social que
realicen.
Para
Freire (ibíd.) la formación ciudadana
por medio de la alfabetización anula y hace innecesaria la coacción
legislativa, puesto que desde una conciencia crítica el buen ciudadano actuará
de acuerdo a la ética. Sin embargo, pueden surgir obstáculos, el autor plantea
que toda alfabetización discursiva debe ser reflejado en la vida del docente
para que pueda hacer eco en los estudiantes, “la distancia demasiado grande
entre el discurso del educador y su práctica, su incoherencia, es uno de esos
obstáculos” (Freire, 1997,
pág. 60).
Otro de los aspectos importantes que se tienen presentes en la formación
ciudadana desde la perspectiva progresista es el derecho a criticar, Freire se
refiere a ello como la posibilidad del ciudadano de trascender en el quehacer
participativo como la posibilidad de disentir o generar nuevas propuestas a su formación
ciudadana, superando así el esquema discursivo de la participación democrática
como limitada a depositar un voto. El derecho a criticar entonces conlleva a la
libertad de expresión y la libertad de protesta, exigiendo la creación de
mecanismos de participación ciudadana eficaces, a ello hay que sumar la
creación de espacios de interacción ciudadana en los cuales los sujetos
individuales expongan sus ideas y puedan llegar al consenso o al disenso. Esta
concepción freireriana de la Formación ciudadana no se limita sólo al aula de
clases sino que se convierte en una construcción integral de la persona en
cuanto libre de elaborar su propia libertad; así pues desde Freire la formación
ciudadana se desplaza a las calles, a las casas. Con ello la participación
ciudadana no se limita entonces a la relación ciudadano-estado, sino también
ciudadano-ciudadano-estado.
Latinoamérica es un continente
marcado por el autoritarismo, en México y chile por ejemplo, los reductos de la
opresión, violación de los derechos y abandono por parte de muchos gobiernos.
Desde esta herencia contextual grabada en la memoria colectiva de los pueblos, los
estudiantes ven en el docente una figura de autoridad a la cual se enfrentan
día a día; así mismo los han aprendido a ver la policía y ejércitos como
instrumentos de opresión, a los gobiernos como fuentes de opresión y
explotación. (Huerta, 2009) Por el contrario, el aula de clases
debe estar caracterizada por una mediación horizontal entre docente-estudiante,
razón por la cual las prácticas pedagógicas dialogizantes juegan un papel
importante frente a la obsoleta metodología discursiva del docente. El estudio
revela de igual forma que en los hogares el tiempo dedicado a mirar la TV,
reemplazando la plática familiar, también influye en el bajo desarrollo de una
conciencia crítica. (Huerta, 2009, pág. 130). Gonzales Luna
(2010) descubre que las dinámicas educativas que se han dado a lo largo de la
historia de la región continental han estado enmarcadas por una lucha constante
por el espíritu de la libertad ciudadana, el respeto de los derechos y la
inclusión socio-política de las poblaciones marginadas. De igual manera afirma
que las estructuras educativas dedicadas a la formación ciudadana deben
responder a las circunstancias sociales de cada época y lugar. Siguiendo la
misma línea de las luchas sociales por el reconocimiento de los derechos,
Castro (2002) y Cerda (2004) centran sus
estudios a los Enfoques y contenidos de la formación ciudadana, resalta el
papel de la escuela en la conciencia que tienen los ciudadanos de su quehacer
en la sociedad y frente al Estado, destaca la crisis de la escuela de la
modernidad frente a la nueva escuela configurada a la educación en búsqueda de
igualdad. La crítica a los modelos de estados que se gestaron, dio lugar a un
repensar la escuela en cuanto formación ciudadana, estas yo no son la máquina
de hacer electores, sino un lugar
donde el pensamiento crítico da sus resultados en el uso adecuado de los
aparatos de participación ciudadana con resultados reales que nacen desde la
iniciativa misma de los ciudadanos (Castro, 2002, pág. 96). Así pues la
formación caudina tiene un triple componente, la formación ciudadana debe ir
dirigida a facilitar la participación del sujeto en la vida política de su
país; la misma debe estar manifestada en una participación activa, superando la
postura pasiva del ciudadano; y la formación ciudadana de nacer desde una
postura crítica del ciudadano, es decir que toda formación que se de en este
campo debe propiciar en el estudiante un pensamiento crítico. Como punto para
un nuevo comienzo, la autora sostiene que la formación ciudadana debe ser
siempre revisada, y que esta debe orientarse a un cambio tanto en sus
contenidos como en sus practicas pedagógicas (Cerda, 2004, págs. 57-65).
3. LA FORMACIÓN CIUDADANA EN LA ESCUELA EN COLOMBIA
3. 1. La Formación ciudadana en Colombia en perspectiva de
transformación histórica.
En
Colombia la Educación Ciudadana se encuentra regulada por la Ley 115 de 1994
conocida como Ley General de Educación. A través de esta ley se concibe la
escuela como el espacio esencial de formación de sujetos ciudadanos. En ella se
exigen la elaboración de currículos adecuados que respondan a este propósito (Peralta Duque, 2009). Por ello para
Peralta Duque, la formación ciudadana en Colombia se encuentra revestida de un
halo político, que sin embargo conlleva un compromiso y una aceptación de que
los sujetos ciudadanos se construyen desde la escuela como espejo de lo público.
Sin embargo desde la perspectiva pedagógica esta política presenta la
problemática de que el ciudadano es formado desde las perspectivas estatales
con el objetivo que cumpla un papel político desde las especificaciones mismas
del Estado. Es la escuela el
lugar donde lo público se manifiesta de forma particularmente prematura, es
allí donde las dinámicas sociales se comienzan a gestar y a complejizar en la
vida de los estudiantes mediante el conocimiento de sus derechos civiles, políticos y sociales. Desde el marco jurídico de la ley 115,
la formación ciudadana debe ser “un proceso de formación integral, física, psíquica,
intelectual, moral, espiritual, social, afectiva, ética, cívica y demás valores
humanos” (Peralta Duque, 2009, pág. 168) mediante el cual el
ciudadano adquiera herramientas actitudinales que le permitan ejercer su papel
como ciudadano. Sin embargo este papel lo ejerce según los criterios que el
mismo ente ha diseñado. Es decir que no nace de la iniciativa libre y autónoma
del formando sino desde la motivación extrínseca.
Las
políticas neoliberales de economía internacional están estableciendo los criterios
para la estructuración de la educación en Colombia. La educación ciudadana como
fuente de transformación social confronta problemas como la conquista de los
privado sobre lo público, la adopción de políticas económicas internacionales, la
concepción de un Estado-nación con un proyecto político hegemonizante, la
preservación y concentración del poder político en élites minoritarias. En las
políticas gubernamentales hay poco espacio para la formación de pensamiento
crítico, las estructuras curriculares están diseñadas para instruir al
estudiante en el cumplimiento de un rol o papel. Hay una estrecha relación interviniente entre
Estado-nación y contenidos estudiantiles, “la educación en Colombia sigue la
dinámica que le es propia al tipo de educación que caracteriza la educación
occidental, la cual se relaciona con el tipo de Estado en construcción” (Peralta
Duque, 2009, pág. 170), un Estado-nación definido por
criterios políticos y económicos neoliberales. Por ello la educación ciudadana,
para los autores estudiados debe ser una educación ciudadana transformadora del
ciudadano votante en ciudadano integral y crítico. (Freire,
Pedagogía del oprimido, 1968). Se puede observar
que la educación en ciudadanía en Colombia es una búsqueda permanente de
elaborar modelos pedagógicos que desde la autonomía orientan al estudiante a
desarrollar el pensamiento crítico y creativo que se refleje en una convivencia
solidaria por medio de la experiencia participativa. Peralta Duque lo resume de
la siguiente forma.
“Se plantea entonces que el desarrollo o
la construcción de modelos educativos alternativos con base en una pedagogía
crítica y radical, debe conducir a que la educación para la ciudadanía se
realice no a través de la fuerza y la coacción, ni tampoco a través del férreo
control que ejercen los medios de comunicación de masas, sino a través del
ejercicio autónomo de la propia libertad.” (Peralta Duque, 2009, pág. 172)
Desde
esta perspectiva los estudios sobre la formación ciudadana en Colombia se
entiende que es un horizonte en el cual la educación ciudadana y la
participación “son visiones, metas y objetivos que deben ser construidos por la
sociedad misma, desde su entorno, su cultura y su ideario de nación” (Peralta
Duque, 2009, pág. 175). Por esta misma línea otros investigadores
como Herrera (2008) y Mesa Arango (2008) han analizado la formación
ciudadana desde las políticas estatales como respuesta a las necesidades de los
ciudadanos de poder participar en la construcción comunitaria de un ideario de nación.
Deducen pues que las propuestas en educación ciudadana no nacen sólo de la
iniciativa de las instituciones sino también de los mismos ciudadanos que
viendo sus necesidades en cuanto a participación se refiere elaboran desde su
contexto proyectos de educación ciudadana desde su propia concepción de
ciudadano ideal. Ello nace, para los investigadores, como una contraposición a
las pretensiones de instituciones ajenas a los ciudadanos de formar un
ciudadano desde políticas distanciadas de los intereses de los mismos
individuos.
3. 2. La formación en ciudadanía desde una nueva
perspectiva didáctica en la infancia.
Por
otro lado, en la ciudad de Bogotá se elabora el “proyecto Nuevas Voces
Ciudadanas”, una iniciativa pedagógica lanzada por la Alcaldía Mayor que busca
que niños entre los 8 y 12 años de edad pudiesen recibir una formación en
ciudadanía en espacios distintos a las aulas de clase (Gómez-Serrudo, 2008), sentando bases para
entender que la educación en ciudadanía no es una asignatura más sino que
comporta una repercusión real en sus vidas cotidianas. El propósito de esta
propuesta pedagógica que no sólo contiene contenidos conceptuales referentes a
lo político es que los estudiantes comprendan que precisamente la participación
ciudadana va más allá de ello. Por ello en los talleres se introducen
expresiones artísticas como danza, música, teatro, entre otras con el fin de
formar a los niños como ciudadanos integrales. Uno de los objetivos que busca
este enfoque pedagógico que se le ha dado a la formación ciudadana es la de
formar al ciudadano dentro del propio espacio contextual donde se desarrolla su
vida cívica, el barrio, la calle, la cuadra, la escuela, los amigos, la casa, son
los espacios donde los niños comienzan a vivir su vida cívica por medio de
interacciones sociales solidarias, unas veces excluyentes. Se les forma en vida
social y pública desde una estructura conceptual relacionada a las estructuras
actitudinales del niño y la interacción con su ambiente. Promoviendo de esta
forma su libre desarrollo y su autonomía en relación con los otros, partiendo
desde los mismos derechos del niño, de sus espacios de encuentro como ejes
fundamentales de la propuesta.
Una
parte significativa de la formación ciudadana en niños, adolescentes y jóvenes,
es la estructura conceptual clave de la formación ciudadana. Se da entonces un
giro conceptual retornando a conceptos claves como participación, derecho, lo público y lo privado (Gómez-Serrudo, 2008) como primeras bases
para construir estructuras procedimentales que permitan relacionar dichos
conceptos con la vida cotidiana de los formandos. Desde esta primera
fundamentación el niño, el adolescente o el joven aprenden a identificar en sus
casas comportamientos que puedan llamarse de participación, autoritarismo o
manipulación, reconocimiento de los derechos de los niños, elaborar una
distinción de lo público y de lo privado y cómo lo público es patrimonio de
todos. A este respecto las investigadoras Velandia Velandia, Rodríguez Fandiño,
& Acosta Martín, (2011) han dirigido su mirada a las prácticas pedagógicas
implementadas con el fin de conseguir una formación ciudadana que responda a
las necesidades de los estudiantes. En su investigación se centran en la
observación de las relaciones y procesos aprendizaje-enseñanza
docentes-estudiantes, como reflejo de una metodología de transmisión de
información carente de experiencias significativas. En la observación las
investigadoras describen dos polos. Por un lado se encuentra el discurso
conceptual del docente sin proyección didáctica, y por el otro lado las expectativas
de los estudiantes que giran en otro eje de interés. Esta dicotomía se
convierte entonces en uno de los motivos que presentan la formación ciudadana
como un corpus conceptual poco relacionado con las estructuras conceptuales que
los estudiantes traen al aula de clases.
Las
investigadoras concluyen mediante el análisis de los discursos docentes y las
entrevistas a los estudiantes, que las practicas docentes en un marco
pedagógico adecuado para la formación ciudadana requieren una estructuración de
lo dicho con la realidad misma del estudiante, y que dicho discurso debería ser
reemplazado por mediaciones didácticas que estimulen la participación activa
del estudiante dentro del contexto interactivo del aula. Es necesario entonces
involucrar no sólo los contenidos conceptuales en las prácticas de aula, sino
la elaboración de propuestas que ayuden a los estudiantes a crear proyectos de
vida a la luz de la participación ciudadana, debe ser un proceso que lleve el
estudiante a la autorreflexión, la promoción de valores como la solidaridad, la
autonomía moral, el respeto y la responsabilidad social, con el fin de
fortalecer la convivencia en los planteles, cuna de la formación de buenas
interacciones sociales. (Velandia Velandia, et al. 2011, pág. 201). La conclusión
final de las investigadoras es que la docencia no puede sólo limitarse a
transmitir datos sino a propiciar experiencias que tengan relación con todos
los espacios vitales del estudiante. Esto lo resumen así:
“Se infiere que la construcción de una
cultura ciudadana sólida no depende únicamente de la enseñanza de conceptos
básicos de convivencia, sino del esfuerzo conjunto de padres, alumnos, docentes
y del trabajo interinstitucional por medio de proyectos y estrategias de clase
que aportan a este propósito.” (Velandia
Velandia, et al. 2011, pág. 202)
3.
3. Formación ciudanía desde un retorno
del ciudadano al espacio de lo público.
Kymlicka
& Norman (1997) plantean una teoría de la ciudadanía desde un retorno del ciudadano, haciendo énfasis
en las estructuras e instituciones políticas, negando la ciudadanía como parte
intrínseca de la sociedad. El desarrollo del concepto de Ciudadanía más como un
aspecto legal. La ciudadanía como posesión de derechos (Civiles, Políticos y
Sociales). La nueva derecha y una crítica a la ciudadanía pasiva. Critica al
estado proteccionista a favor de un estado liberal. El estado liberal
contribuye a la desigualdad, la idea de poner a las obligaciones y deberes
sobre los derechos para afirmar la ciudadanía sucumbe ante la voracidad del
sistema. La ciudadanía implica un equilibrio entre los derechos y deberes. La
democracia participativa sin un marco formativo coherente con los contextos
socio-culturales, se queda corta frente a los límites morales de los ciudadanos.
Ospina Cifuentes (2008) habla en su
artículo la formación ciudadana en
búsqueda de la política, que la crisis social es tratada desde un discurso
alejado y excluyente, es decir, los participantes en realidad no participan en
la solución de los problemas sociales y políticos, además se menciona que hay un vacío en el sistema
educativo tanto teórico como metodológico que promueve una idea muy alejada de
la complejidad, sensibilidad y transparencia interna en la formación política.
3.
4. Construyendo ciudadanía desde un activismo digital.
El
artículo de Azuela y Tapia Álvarez (2013) presenta la idea de activismo digital
como posible solución para el aparente distanciamiento del participante en la
democracia participativa y el uso de herramientas para realizar un activismo
basado en las TICs. En el activismo, las TICs pueden usarse en su forma más
sencilla, para informar; de una segunda manera, para concientizar, denunciar y
movilizar a otros ciudadanos y en su función más sofisticada como herramienta
para incidir en políticas públicas.
“Además de usarse muy
efectivamente para las campañas de comunicación y movilización externa, las
TICs nos ayudan a crear inteligencia colectiva, a comunicarnos y gestionar internamente
la información, es decir, a coordinarnos de manera más efectiva, haciendo
posible el trabajo a distancia, menos reuniones presenciales, menor costo de la
organización, conjugar capacidades y habilidades, además de unificar lenguajes,
lo cual es vital para lograr un mayor impacto.” (Azuela & Tapia Álvarez, 2013;
pág. 58).
3.
5. Formalización de ciudadanía desde la escuela:
Desde el punto de vista de los
conferencistas Martinez, De Zubiría Samper,
& García, (2014), en el Foro Educativo distrital 2014 desarrollado
en Bogotá sobre ¿cómo construir ciudadanía desde la escuela? Se plantea que la
formación en ciudadanía debe surgir de las necesidades y de los
cuestionamientos de todas las personas. “Una educación que tiene en cuenta la
ciudadanía es una educación que puede transformar todas las manifestaciones de
la organización social”, en cuanto a la manera de enseñar competencias
ciudadanas en los colegios es necesario que los sectores público y privado se
sienten en la misma mesa.
CONCLUSIONES
La
democracia participativa, aquella que fue afirmada con la constitución política
de 1991 ha entrado en crisis y es que no es aventurado afirmar que realmente la
vida política no está basada en la participación sino más bien en una suerte de
delegación pasiva de esa participación a los representantes políticos. Y es
precisamente esta delegación pasiva la que termina por llevar a los
participantes a un clima de perpetuo desinterés en la democracia. La crisis en
la participación política y en los modelos partidistas es evidente, se puede
hablar incluso de una crisis de la militancia y de afiliación de los
participantes. Con lo cual se hacen necesarios nuevos modelos y mecanismos de
participación ciudadana. Sin embargo, estas partes siguen siendo los elementos
fundamentales del sistema democrático. Si bien la vida política no se basa en
la participación ante esta crisis política, se empieza exigir la entrada de la
población, el auténtico protagonista de la política.
A
raíz de la problemática planteada y de las afirmaciones en la hipótesis sobre
la apatía del ciudadano a la participación en el ámbito civil como político, y
del distanciamiento que existe entre la democracia real y la formal, podemos
concluir que las causas que dan soporte a la hipótesis son la falta de una
estructura curricular y pedagógica que involucre al estudiante en la vida
cívica y respondiendo a las necesidades contextuales de los estudiantes. La
falta de una formación coherente sobre lo que realmente representa la vida
política y el su compromiso con la búsqueda de idearios de ciudadanía, lo
conducen a espacios donde lo discursivo en el aula no encuentra repercusión en
la vida cotidiana. La formación ciudadana debe salir del aula de clases a las
calles y la comunidad donde se encuentra contextualizado el estudiante; uno de
los problemas que observamos y que subyacen debajo de las prácticas pedagógicas
es la consideración del proceso formativo como un mero proceso académico
conceptual. Con este estudio podemos concluir que la formación ciudadana es un proceso que lleva al estudiante a crecer
y vivir como ciudadano, no restringido al uso de su ciudadanía al espacio
político, sino también en los espacios cívicos donde debe ser capaz de construir
comunidad, de modo que se pueda superar la apatía participativa desde sus
causas.
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