viernes, 12 de junio de 2015

ESTUDIO SOBRE LA FORMACIÓN CIUDADANA Y PARTICIPACION CIUDADANA


ESTADO DEL ARTE 

SOBRE LA PROBLEMÁTICA DE LA FORMACIÓN CIUDADANA – 

UNA PERSPECTIVA DE AFUERA HACIA ADENTRO

 


INTRODUCCIÓN


La participación ciudadana de todo individuo debe partir de las consideraciones que este tiene en su colectividad, el ser ciudadano significa aquel individuo que por el mero hecho de nacer en un determinado país, tiene todo los derechos y las obligaciones que se encuentran establecidas en las leyes que expone la constitución. Son muchas las normativas que se guardan en dichos estatutos sobre el ser ciudadano y las diversas acciones equitativas, que se llevan a cabo en las intervenciones y elecciones de los funcionarios públicos. El ser ciudadano demanda en gran medida un estado de conciencia sobre la manera de seleccionar los representantes en los altos cargos, hecho que hoy en día se ve fuertemente influenciado por actividades ilegales que quieren manipular la participación democrática de las personas; a fines de obtener beneficios particulares de unos pocos, olvidándose de aquellas cuestiones que padece la colectividad.
     
Sin embargo aunque el ciudadano de un país, su participación adecuada es fruto de su formación. Aunque nazca ciudadano su ser de ciudadano es una construcción que se debe lograr por medio de la educación. Por eso en este documento analizamos en una metodología desde afuera hacia adentro cómo la formación ciudadana ha ido evolucionando desde una política de Estado para educar a sus ciudadanos, hasta unas propuestas pedagógicas que responden a las necesidades de las personas de poder saber cuáles son sus derechos, cómo hacerlos valer, y cómo por medio de su participación en los espacios públicos puede aportar a la construcción de un ideario propio de ciudadanía. Es decir que el ciudadano se empodera de su proceso ciudadano y desde allí establece sus propios criterios para la participación cívica y política. Igualmente la necesidad de formación ciudadana extendida también tiene como objetivo desarrollar en el ciudadanos competencias de participación en todos los ámbitos de su vida, hoy en día uno de las problemáticas más tratadas es cómo hacer ciudadanía y construcción de comunidad en la calle, el barrio, la casa y también en los entornos de interacción digital. Por ello en adelante analizaremos cómo se encuentra la práctica y la teoría de la formación ciudadana especialmente en Colombia, con el fin de dar respuesta a la problemática planteada y poder soportar y dar credibilidad a la hipótesis manejada.

PROBLEMA DE INVESTIGACIÓN

Colombia posee una democracia participativa en la norma y el derecho, pero en los últimos años se evidencia que la minoría toma las decisiones por la mayoría debido a que hay un desinterés con el sistema representativo, por lo cual los ciudadanos depositan todo el poder en los congresistas, que parecen representar más a grupos económicos que a los (pocos) ciudadanos que los eligen. Esto refleja que hay una gran distancia entre la norma y la práctica cotidiana de la ciudadanía. El marco fundamental donde podemos anclar el verdadero ejercicio de la ciudadanía es por medio de la participación ciudadana. Se puede evidenciar una gran cantidad de ciudadanos que no ejercen la ciudadanía o que la ven reducida a la obtención de un documento civil. Grillo (2006) menciona que “la participación, como derecho fundamental, ha sufrido transformaciones relacionadas con la historia de los derechos humanos en el contexto universal y, en concreto, en el país” (p. 7). Es por ello que la democracia entendida como ejercicio pleno de la ciudadanía debe hacerse efectiva por medio de mecanismos, en espacios y medios comunicativos proporcionados por el estado y exigidos por la sociedad como vía de manifestación de la voluntad popular. Así pues, la participación entendida como un derecho fundamental nos lleva a entender dicho ejercicio desde la igualdad, por ello resulta equivoco pretender alienar a los otros de su ser ciudadano; Grillo (2006) piensa que “en efecto, los criterios sobre quiénes son ciudadanos y, por tanto, tienen la facultad de intervenir en el manejo de la vida pública, ha variado en el tiempo.” (óp. cit.). El devenir de la ciudadanía ha sufrido muchos cambios y por consecuente su búsqueda de sentido para la sociedad está determinada por el nivel de impacto que tenga la participación del ciudadano a través de los diferentes medios propuestos por el Estado. Zuleta (2008) define la participación ciudadana como una construcción de democracia siendo que la construcción de la misma se realiza pues, desde el ciudadano mismo, entendido como ciudadano en constante construcción; por ello piensa que la construcción de la democracia es un derecho de todos. Por esta razón el ciudadano que es apático a la participación en las decisiones políticas que comprometen el futuro de una nación, así como aquel que vende su voto o lo cambia por favores políticos se convierten en ciudadanos alienados de su derecho a decidir su futuro, poniéndolo en manos de un representante que no siempre será fiel a ese elector.

HIPÓTESIS

La falta de simplicidad y efectividad en los mecanismos de participación en la esfera de lo público y la burocracia partidista, son obstáculos desestimulantes para que los ciudadanos participen de la construcción democrática, por ello depositan de forma acrítica toda su voluntad en el estado; los trámites complejos en procesos jurídicos y civiles, sin la debida formación, a que se deben someter los ciudadanos producen apatía participativa, dejando esta tarea a otros, perdiendo la autonomía característica del proceso democrático. Los ciudadanos los ciudadanos no tienen acceso a un proceso formativo adecuado para ejercer la ciudadanía tanto en aspectos políticos como civiles, por consecuente desde las mismas estructuras educativas hay una incoherencia en la concepción de la democracia formal frente a la democracia real. De igual forma, dentro de la participación democrática se contempla las  conjeturas de falsas promesas ante las necesidades de los ciudadanos, produciendo como efecto la abstinencia ante las cuestiones de intervención ciudadana.      


ESTADO DEL ARTE SOBRE LA FORMACIÓN CIUDADANA

1. LA FORMACIÓN CIUDADANA EN EL MARCO EUROPEO HISPANO-HABLANTE.

España representa para latino américa el país hispanohablante puerta de entrada a Europa, allí se vivieron procesos críticos en su historia marcados por el Fascismo que imperaba en Alemania e Italia, la exclusión racial, y el absolutismo estatal durante la dictadura de Francisco Franco (1939 – 1945). A raíz de las experiencias históricas marcadas por el absolutismo del Estado y la sombre de la segregación racial surge la búsqueda de horizontes de formación ciudadana cimentadas en tres ejes fundamentales, la formación de una ciudadanía activa, intercultural y crítica. (Folgueiras Bertomeu, 2008). De estos enfoques se hace una propuesta la formación ciudadana desde dos enfoques que se consideran prioritarios en el estudio: promover la ciudadanía como un proceso, lo cual constituye un quehacer diario del sujeto como ciudadano, distanciándose del ciudadano sustantivado y pasivo para convertirse en ciudadano ejercicio de sus derechos reconocidos como estatus social de igualdad. Urureña (14 de marzo de 2014) en su ponencia “Resistir a la LOMCE” compara el modelo de educación bancario neoliberal con el modelo social, en ello advierte que la educación bancaria busca un entrenamiento del ciudadano para cumplir un papel meramente como fuerza de trabajo, mientras que un modelo de educación debe estar orientado a la formación crítica del ciudadano como proponente de las transformaciones sociales.

Varios de los ejes específicos en torno a los cuales gira la preocupación por la formación ciudadana es la participación activa de las mujeres en los procesos del ejercicio de la ciudanía. Al respecto (Crespo, Teruel, & Infante, 2007) definen que la participación ciudadana debe tener en cuenta la igualdad de género, así también esta participación no debe limitarse únicamente al ejercicio de los derechos individuales, sino también colectivos y de género; el ejercicio de estos derechos debe reflejarse correlacionalmente en porcentaje de ocupación femenina de cargos públicos. Por ello la educación ciudadana no sólo comporta la participación, sino que debe estar construida sobre las bases de la inclusión y el respeto a la diversidad. Otra de las dinámicas que se mueven hoy en día en España es la extensión de la participación hacia las esferas de lo público presente en los espacios sociales digitales, (Byron. et al, 2010) reconocen que además de los espacios físicos de interacción ciudanía se pueden encontrar espacios digitales conformados por redes sociales de distintas denominaciones. Es necesario para los ponentes que la educación en formación ciudadana deben estar enfocados a desarrollar en la personas competencias que le permiten expresar libremente su punto de vista desde los distintos medios disponibles, con ello no se concibe la educación ciudadana sólo como un medio por el cual se pueda hacer activa, sino que las nuevas tecnologías de la información propician la formación ciudadana orientadas a la reflexión y la proposición de nuevos idearios de construcción democrática por parte de los ciudadanos.


2. LA FORMACIÓN CIUDADANA EN AMÉRICA LATINA

América latina es un continente que se ha desarrollado con una historia de luchas sociales que poco a poco han marcado su ideal de libertad y la búsqueda del establecimiento de Estados de Derecho que propicien en sus ciudadanos la participación más efectiva en las decisiones que se toman, sin embargo estas luchas están caracterizadas por nacer del mismo conglomerados de ciudadanos inconformes con gobiernos déspotas cuyas decisiones políticas están muy distantes de las expectativas de la ciudadanía. Una de las luchas que enfrentan los promotores de la formación ciudadana específicamente latinoamericana son las exigencias de políticas internacionales sobre los estándares de educación que se deben implementar reducen la formación ciudadana a una escala de mera participación en política, a esta conclusión llega Peralta Duque (2009) cuando escribe que “es claro que la incidencia de los organismos internacionales en la formulación de las políticas educativas de los países latinoamericanos o en vía de desarrollo”, (Pág. 171).  Estas mismas luchas y búsqueda de un ideario de ciudadanía participante, constructora de comunidad, comprometida y solidaria han dado nacimiento a propuestas propias y originales de la formación ciudadana. Se puede inferir entonces que América latina es un continente en constante cambio y auto reformación. Así mismo la formación ciudadana adquiere múltiples formas como respuesta a cada momento de la historia, por ello no se puede hablar de un ideal absoluto del buen ciudadano. Para Freire (1997) la formación ciudadana debe girar en torno a la alfabetización, para el brasilero no es posible una formación ciudadana desde las experiencias empíricas únicamente, sino que requiere que los formandos puedan conocer desde el lenguaje la significación de todo proceso político o de interacción social que realicen.

Para Freire (ibíd.) la formación ciudadana por medio de la alfabetización anula y hace innecesaria la coacción legislativa, puesto que desde una conciencia crítica el buen ciudadano actuará de acuerdo a la ética. Sin embargo, pueden surgir obstáculos, el autor plantea que toda alfabetización discursiva debe ser reflejado en la vida del docente para que pueda hacer eco en los estudiantes, “la distancia demasiado grande entre el discurso del educador y su práctica, su incoherencia, es uno de esos obstáculos” (Freire, 1997, pág. 60). Otro de los aspectos importantes que se tienen presentes en la formación ciudadana desde la perspectiva progresista es el derecho a criticar, Freire se refiere a ello como la posibilidad del ciudadano de trascender en el quehacer participativo como la posibilidad de disentir o generar nuevas propuestas a su formación ciudadana, superando así el esquema discursivo de la participación democrática como limitada a depositar un voto. El derecho a criticar entonces conlleva a la libertad de expresión y la libertad de protesta, exigiendo la creación de mecanismos de participación ciudadana eficaces, a ello hay que sumar la creación de espacios de interacción ciudadana en los cuales los sujetos individuales expongan sus ideas y puedan llegar al consenso o al disenso. Esta concepción freireriana de la Formación ciudadana no se limita sólo al aula de clases sino que se convierte en una construcción integral de la persona en cuanto libre de elaborar su propia libertad; así pues desde Freire la formación ciudadana se desplaza a las calles, a las casas. Con ello la participación ciudadana no se limita entonces a la relación ciudadano-estado, sino también ciudadano-ciudadano-estado.

Latinoamérica es un continente marcado por el autoritarismo, en México y chile por ejemplo, los reductos de la opresión, violación de los derechos y abandono por parte de muchos gobiernos. Desde esta herencia contextual grabada en la memoria colectiva de los pueblos, los estudiantes ven en el docente una figura de autoridad a la cual se enfrentan día a día; así mismo los han aprendido a ver la policía y ejércitos como instrumentos de opresión, a los gobiernos como fuentes de opresión y explotación. (Huerta, 2009) Por el contrario, el aula de clases debe estar caracterizada por una mediación horizontal entre docente-estudiante, razón por la cual las prácticas pedagógicas dialogizantes juegan un papel importante frente a la obsoleta metodología discursiva del docente. El estudio revela de igual forma que en los hogares el tiempo dedicado a mirar la TV, reemplazando la plática familiar, también influye en el bajo desarrollo de una conciencia crítica. (Huerta, 2009, pág. 130). Gonzales Luna (2010) descubre que las dinámicas educativas que se han dado a lo largo de la historia de la región continental han estado enmarcadas por una lucha constante por el espíritu de la libertad ciudadana, el respeto de los derechos y la inclusión socio-política de las poblaciones marginadas. De igual manera afirma que las estructuras educativas dedicadas a la formación ciudadana deben responder a las circunstancias sociales de cada época y lugar. Siguiendo la misma línea de las luchas sociales por el reconocimiento de los derechos, Castro (2002)  y Cerda (2004) centran sus estudios a los Enfoques y contenidos de la formación ciudadana, resalta el papel de la escuela en la conciencia que tienen los ciudadanos de su quehacer en la sociedad y frente al Estado, destaca la crisis de la escuela de la modernidad frente a la nueva escuela configurada a la educación en búsqueda de igualdad. La crítica a los modelos de estados que se gestaron, dio lugar a un repensar la escuela en cuanto formación ciudadana, estas yo no son la máquina de hacer electores, sino un lugar donde el pensamiento crítico da sus resultados en el uso adecuado de los aparatos de participación ciudadana con resultados reales que nacen desde la iniciativa misma de los ciudadanos (Castro, 2002, pág. 96). Así pues la formación caudina tiene un triple componente, la formación ciudadana debe ir dirigida a facilitar la participación del sujeto en la vida política de su país; la misma debe estar manifestada en una participación activa, superando la postura pasiva del ciudadano; y la formación ciudadana de nacer desde una postura crítica del ciudadano, es decir que toda formación que se de en este campo debe propiciar en el estudiante un pensamiento crítico. Como punto para un nuevo comienzo, la autora sostiene que la formación ciudadana debe ser siempre revisada, y que esta debe orientarse a un cambio tanto en sus contenidos como en sus practicas pedagógicas (Cerda, 2004, págs. 57-65).


3. LA FORMACIÓN CIUDADANA EN LA ESCUELA EN COLOMBIA

3. 1. La Formación ciudadana en Colombia en perspectiva de transformación histórica.

En Colombia la Educación Ciudadana se encuentra regulada por la Ley 115 de 1994 conocida como Ley General de Educación. A través de esta ley se concibe la escuela como el espacio esencial de formación de sujetos ciudadanos. En ella se exigen la elaboración de currículos adecuados que respondan a este propósito (Peralta Duque, 2009). Por ello para Peralta Duque, la formación ciudadana en Colombia se encuentra revestida de un halo político, que sin embargo conlleva un compromiso y una aceptación de que los sujetos ciudadanos se construyen desde la escuela como espejo de lo público. Sin embargo desde la perspectiva pedagógica esta política presenta la problemática de que el ciudadano es formado desde las perspectivas estatales con el objetivo que cumpla un papel político desde las especificaciones mismas del Estado. Es la escuela el lugar donde lo público se manifiesta de forma particularmente prematura, es allí donde las dinámicas sociales se comienzan a gestar y a complejizar en la vida de los estudiantes mediante el conocimiento de sus derechos civiles, políticos y sociales.  Desde el marco jurídico de la ley 115, la formación ciudadana debe ser “un proceso de formación integral, física, psíquica, intelectual, moral, espiritual, social, afectiva, ética, cívica y demás valores humanos” (Peralta Duque, 2009, pág. 168) mediante el cual el ciudadano adquiera herramientas actitudinales que le permitan ejercer su papel como ciudadano. Sin embargo este papel lo ejerce según los criterios que el mismo ente ha diseñado. Es decir que no nace de la iniciativa libre y autónoma del formando sino desde la motivación extrínseca.

Las políticas neoliberales de economía internacional están estableciendo los criterios para la estructuración de la educación en Colombia. La educación ciudadana como fuente de transformación social confronta problemas como la conquista de los privado sobre lo público, la adopción de políticas económicas internacionales, la concepción de un Estado-nación con un proyecto político hegemonizante, la preservación y concentración del poder político en élites minoritarias. En las políticas gubernamentales hay poco espacio para la formación de pensamiento crítico, las estructuras curriculares están diseñadas para instruir al estudiante en el cumplimiento de un rol o papel.  Hay una estrecha relación interviniente entre Estado-nación y contenidos estudiantiles, “la educación en Colombia sigue la dinámica que le es propia al tipo de educación que caracteriza la educación occidental, la cual se relaciona con el tipo de Estado en construcción” (Peralta Duque, 2009, pág. 170), un Estado-nación definido por criterios políticos y económicos neoliberales. Por ello la educación ciudadana, para los autores estudiados debe ser una educación ciudadana transformadora del ciudadano votante en ciudadano integral y crítico. (Freire, Pedagogía del oprimido, 1968). Se puede observar que la educación en ciudadanía en Colombia es una búsqueda permanente de elaborar modelos pedagógicos que desde la autonomía orientan al estudiante a desarrollar el pensamiento crítico y creativo que se refleje en una convivencia solidaria por medio de la experiencia participativa. Peralta Duque lo resume de la siguiente forma.

Se plantea entonces que el desarrollo o la construcción de modelos educativos alternativos con base en una pedagogía crítica y radical, debe conducir a que la educación para la ciudadanía se realice no a través de la fuerza y la coacción, ni tampoco a través del férreo control que ejercen los medios de comunicación de masas, sino a través del ejercicio autónomo de la propia libertad.” (Peralta Duque, 2009, pág. 172)

Desde esta perspectiva los estudios sobre la formación ciudadana en Colombia se entiende que es un horizonte en el cual la educación ciudadana y la participación “son visiones, metas y objetivos que deben ser construidos por la sociedad misma, desde su entorno, su cultura y su ideario de nación” (Peralta Duque, 2009, pág. 175). Por esta misma línea otros investigadores como Herrera (2008) y Mesa Arango (2008) han analizado la formación ciudadana desde las políticas estatales como respuesta a las necesidades de los ciudadanos de poder participar en la construcción comunitaria de un ideario de nación. Deducen pues que las propuestas en educación ciudadana no nacen sólo de la iniciativa de las instituciones sino también de los mismos ciudadanos que viendo sus necesidades en cuanto a participación se refiere elaboran desde su contexto proyectos de educación ciudadana desde su propia concepción de ciudadano ideal. Ello nace, para los investigadores, como una contraposición a las pretensiones de instituciones ajenas a los ciudadanos de formar un ciudadano desde políticas distanciadas de los intereses de los mismos individuos.


3. 2. La formación en ciudadanía desde una nueva perspectiva didáctica en la infancia.

Por otro lado, en la ciudad de Bogotá se elabora el “proyecto Nuevas Voces Ciudadanas”, una iniciativa pedagógica lanzada por la Alcaldía Mayor que busca que niños entre los 8 y 12 años de edad pudiesen recibir una formación en ciudadanía en espacios distintos a las aulas de clase (Gómez-Serrudo, 2008), sentando bases para entender que la educación en ciudadanía no es una asignatura más sino que comporta una repercusión real en sus vidas cotidianas. El propósito de esta propuesta pedagógica que no sólo contiene contenidos conceptuales referentes a lo político es que los estudiantes comprendan que precisamente la participación ciudadana va más allá de ello. Por ello en los talleres se introducen expresiones artísticas como danza, música, teatro, entre otras con el fin de formar a los niños como ciudadanos integrales. Uno de los objetivos que busca este enfoque pedagógico que se le ha dado a la formación ciudadana es la de formar al ciudadano dentro del propio espacio contextual donde se desarrolla su vida cívica, el barrio, la calle, la cuadra, la escuela, los amigos, la casa, son los espacios donde los niños comienzan a vivir su vida cívica por medio de interacciones sociales solidarias, unas veces excluyentes. Se les forma en vida social y pública desde una estructura conceptual relacionada a las estructuras actitudinales del niño y la interacción con su ambiente. Promoviendo de esta forma su libre desarrollo y su autonomía en relación con los otros, partiendo desde los mismos derechos del niño, de sus espacios de encuentro como ejes fundamentales de la propuesta.

Una parte significativa de la formación ciudadana en niños, adolescentes y jóvenes, es la estructura conceptual clave de la formación ciudadana. Se da entonces un giro conceptual retornando a conceptos claves como participación, derecho, lo público y lo privado (Gómez-Serrudo, 2008) como primeras bases para construir estructuras procedimentales que permitan relacionar dichos conceptos con la vida cotidiana de los formandos. Desde esta primera fundamentación el niño, el adolescente o el joven aprenden a identificar en sus casas comportamientos que puedan llamarse de participación, autoritarismo o manipulación, reconocimiento de los derechos de los niños, elaborar una distinción de lo público y de lo privado y cómo lo público es patrimonio de todos. A este respecto las investigadoras Velandia Velandia, Rodríguez Fandiño, & Acosta Martín, (2011) han dirigido su mirada a las prácticas pedagógicas implementadas con el fin de conseguir una formación ciudadana que responda a las necesidades de los estudiantes. En su investigación se centran en la observación de las relaciones y procesos aprendizaje-enseñanza docentes-estudiantes, como reflejo de una metodología de transmisión de información carente de experiencias significativas. En la observación las investigadoras describen dos polos. Por un lado se encuentra el discurso conceptual del docente sin proyección didáctica, y por el otro lado las expectativas de los estudiantes que giran en otro eje de interés. Esta dicotomía se convierte entonces en uno de los motivos que presentan la formación ciudadana como un corpus conceptual poco relacionado con las estructuras conceptuales que los estudiantes traen al aula de clases.

Las investigadoras concluyen mediante el análisis de los discursos docentes y las entrevistas a los estudiantes, que las practicas docentes en un marco pedagógico adecuado para la formación ciudadana requieren una estructuración de lo dicho con la realidad misma del estudiante, y que dicho discurso debería ser reemplazado por mediaciones didácticas que estimulen la participación activa del estudiante dentro del contexto interactivo del aula. Es necesario entonces involucrar no sólo los contenidos conceptuales en las prácticas de aula, sino la elaboración de propuestas que ayuden a los estudiantes a crear proyectos de vida a la luz de la participación ciudadana, debe ser un proceso que lleve el estudiante a la autorreflexión, la promoción de valores como la solidaridad, la autonomía moral, el respeto y la responsabilidad social, con el fin de fortalecer la convivencia en los planteles, cuna de la formación de buenas interacciones sociales. (Velandia Velandia, et al. 2011, pág. 201). La conclusión final de las investigadoras es que la docencia no puede sólo limitarse a transmitir datos sino a propiciar experiencias que tengan relación con todos los espacios vitales del estudiante. Esto lo resumen así:


Se infiere que la construcción de una cultura ciudadana sólida no depende únicamente de la enseñanza de conceptos básicos de convivencia, sino del esfuerzo conjunto de padres, alumnos, docentes y del trabajo interinstitucional por medio de proyectos y estrategias de clase que aportan a este propósito.” (Velandia Velandia, et al. 2011, pág. 202)

3. 3. Formación ciudanía desde un retorno del ciudadano al espacio de lo público.

Kymlicka & Norman (1997) plantean una teoría de la ciudadanía desde un retorno del ciudadano, haciendo énfasis en las estructuras e instituciones políticas, negando la ciudadanía como parte intrínseca de la sociedad. El desarrollo del concepto de Ciudadanía más como un aspecto legal. La ciudadanía como posesión de derechos (Civiles, Políticos y Sociales). La nueva derecha y una crítica a la ciudadanía pasiva. Critica al estado proteccionista a favor de un estado liberal. El estado liberal contribuye a la desigualdad, la idea de poner a las obligaciones y deberes sobre los derechos para afirmar la ciudadanía sucumbe ante la voracidad del sistema. La ciudadanía implica un equilibrio entre los derechos y deberes. La democracia participativa sin un marco formativo coherente con los contextos socio-culturales, se queda corta frente a los límites morales de los ciudadanos.  Ospina Cifuentes (2008) habla en su artículo la formación ciudadana en búsqueda de la política, que la crisis social es tratada desde un discurso alejado y excluyente, es decir, los participantes en realidad no participan en la solución de los problemas sociales y políticos, además se  menciona que hay un vacío en el sistema educativo tanto teórico como metodológico que promueve una idea muy alejada de la complejidad, sensibilidad y transparencia interna en la formación política.

3. 4. Construyendo ciudadanía desde un activismo digital.

El artículo de Azuela y Tapia Álvarez (2013) presenta la idea de activismo digital como posible solución para el aparente distanciamiento del participante en la democracia participativa y el uso de herramientas para realizar un activismo basado en las TICs. En el activismo, las TICs pueden usarse en su forma más sencilla, para informar; de una segunda manera, para concientizar, denunciar y movilizar a otros ciudadanos y en su función más sofisticada como herramienta para incidir en políticas públicas.

Además de usarse muy efectivamente para las campañas de comunicación y movilización externa, las TICs nos ayudan a crear inteligencia colectiva, a comunicarnos y gestionar internamente la información, es decir, a coordinarnos de manera más efectiva, haciendo posible el trabajo a distancia, menos reuniones presenciales, menor costo de la organización, conjugar capacidades y habilidades, además de unificar lenguajes, lo cual es vital para lograr un mayor impacto.” (Azuela & Tapia Álvarez, 2013; pág. 58).

3. 5. Formalización de ciudadanía desde la escuela:

Desde el punto de vista de los conferencistas Martinez, De Zubiría Samper, & García, (2014), en el Foro Educativo distrital 2014 desarrollado en Bogotá sobre ¿cómo construir ciudadanía desde la escuela? Se plantea que la formación en ciudadanía debe surgir de las necesidades y de los cuestionamientos de todas las personas. “Una educación que tiene en cuenta la ciudadanía es una educación que puede transformar todas las manifestaciones de la organización social”, en cuanto a la manera de enseñar competencias ciudadanas en los colegios es necesario que los sectores público y privado se sienten en la misma mesa.
 

CONCLUSIONES


La democracia participativa, aquella que fue afirmada con la constitución política de 1991 ha entrado en crisis y es que no es aventurado afirmar que realmente la vida política no está basada en la participación sino más bien en una suerte de delegación pasiva de esa participación a los representantes políticos. Y es precisamente esta delegación pasiva la que termina por llevar a los participantes a un clima de perpetuo desinterés en la democracia. La crisis en la participación política y en los modelos partidistas es evidente, se puede hablar incluso de una crisis de la militancia y de afiliación de los participantes. Con lo cual se hacen necesarios nuevos modelos y mecanismos de participación ciudadana. Sin embargo, estas partes siguen siendo los elementos fundamentales del sistema democrático. Si bien la vida política no se basa en la participación ante esta crisis política, se empieza exigir la entrada de la población, el auténtico protagonista de la política.

A raíz de la problemática planteada y de las afirmaciones en la hipótesis sobre la apatía del ciudadano a la participación en el ámbito civil como político, y del distanciamiento que existe entre la democracia real y la formal, podemos concluir que las causas que dan soporte a la hipótesis son la falta de una estructura curricular y pedagógica que involucre al estudiante en la vida cívica y respondiendo a las necesidades contextuales de los estudiantes. La falta de una formación coherente sobre lo que realmente representa la vida política y el su compromiso con la búsqueda de idearios de ciudadanía, lo conducen a espacios donde lo discursivo en el aula no encuentra repercusión en la vida cotidiana. La formación ciudadana debe salir del aula de clases a las calles y la comunidad donde se encuentra contextualizado el estudiante; uno de los problemas que observamos y que subyacen debajo de las prácticas pedagógicas es la consideración del proceso formativo como un mero proceso académico conceptual. Con este estudio podemos concluir que la formación ciudadana es un proceso que lleva al estudiante a crecer y vivir como ciudadano, no restringido al uso de su ciudadanía al espacio político, sino también en los espacios cívicos donde debe ser capaz de construir comunidad, de modo que se pueda superar la apatía participativa desde sus causas.

 

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